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La idea de otra boca que alimentar cayó como una sombra negra sobre mi corazón. ¿Cómo íbamos a arreglarnos? Tal y como estábamos ahora no nos alcanzaba.
Miré a mi hermano para empujarlo q que dijese algo consolador, pero tenía un aspecto estupefacto y furioso. Simplemente se había quedado de pie, mirando fijamente. Le dijo a mi madre que si ya lo sabía papá. -No- Contestó ella. Suspiró profundamente-. Estoy demasiado vieja y demasiado cansada para tener otro bebé, dijo sacudiendo la cabeza-. Eh, ¿estás furioso conmigo, Jimmy?- le preguntó mamá.
Tenía un aspecto tan malhumorado que me dieron ganas de darle una patada. Finalmente negó con la cabeza.
-No, mamá, no estoy enfadado contigo. No es culpa tuya. Me miró y supe que le estaba echando la culpa a papá. - Entonces dame un abrazo. Lo necesito en este momento. Jimmy miró a otro lado y entonces se inclinó hacia mamá. Le dió un apretón rápido , murmuró que tenía que hacer algo afuera y salió apresuradamente.
-Recuéstate y descansa, mamá- le dije-. De todas maneras ya casi tengo la comida hecha.
-La comida. ¿Qué es lo que vamos a comer? Iba a tratar de traer algo esta noche, ver si podía cargar algo más en nuestra cuenta del colmado, pero con esto del embarazo me olvidé completamente de la comida.
-Ya nos arreglaremos mamá- contesté-. Papá cobra hoy, así que mañana comeremos mejor.
-Lo siento, Dawn- murmuró contrayendo el rostro y disponiéndose a llorar de nuevo. Agitó la cabeza-. Jimmy está tan enfadado. Puedo verlo en sus ojos. Tiene el temperamento de Ormand.
-Tan sólo está sorprendido, mamá. Voy a ocuparme de la comida- repetí y salí cerrando la puerta suavemente detrás de mi, los dedos temblándome un poco sobre el tirador.
¡Un bebé, un hermanito o hermanita! ¡Dónde dormiría un bebé? ¿Cómo iba mamá a cuidar de él. Si no podía trabajar tendríamos aún menos dinero, ¿Es que la gente mayor no planeaba estas cosas?¿Cómo podían dejar que ocurriesen?.
Salí a buscar a Jimmy y le encontré tirando una pelota contra la pared en el callejón. Estábamos a mediados de Abril, así que el aire ya no era frío ni siquiera al caer la tarde. Pude distinguir algunas estrellas que hacían su aparición en el cielo. Las luces de Neón del bar de la esquina acababan de encenderse.
A veces, cuando regresaba a casa en un día de calor, papá se detenía allí para tomarse una cerveza fresca. Cuando se abria y cerraba la puerta se escapaban las risas y la música del tocadiscos automático apagándose después rápidamente en la acera, una acera que siempre estaba sucia de papeles y envoltorios de chocolatinas y otros desperdicios que el viento sacaba de los sobrecargados contenedores de basura.
Podía oir dos gatos furiosos amenazándose en el callejón. Un hombre soltaba palabrotas a otro que se asomaba por la ventana de un segundo piso a una manzana detrás nuestro. El hombre de la ventana se reía del otro.
Me volví a jimmy. Estaba de nuevo tenso como un puño apretado y deshaogaba toda su ira en cada lanzamiento de pelota.
-¿Jimmy?
No me contestó. -Jimmy, ¿no querrás hacer que mamá se sienta peor de lo que ya está, ¿no te parece?. Agarró la pelota en el aire y se volvió hacia mi.

Dawn.

Volveré...