OTRO NUEVO LUGAR (TRES)

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-Jimmy, baja las maletas. Dawn, ayuda a tu madre a empaquetar lo que quiera de la cocina.
Eché una mirada a mi hermano. Tenía sólo dos años más que yo, pero la diferencia en nuestro aspecto físico era mucho mayor. Era muy alto , delgado y musculoso como mi padre. Yo era bajita, con lo que mamá llamaba <<facciones de muñeca china>>. En realidad, tampoco me parecía a mi madre, porque ella era tan alta como papá.
No teníamos muchos retratos de familia. En realidad, todo lo que tenía era un retrato de ella cuando tenía quince años. Me pasaba horas sentada contemplando su joven rostro y tratando de encontrar rasgos de mi misma. En la foto sonriendo, de pie, debajo de un sauce llorón. Levaba una falda larga hasta los tobillos y una blusa ahuecada con mangas de volantitos y cuello rizado. Su largo pelo oscuro tenía un aspecto suave y fresco. Incluso en esta vieja foto en blanco y negro, sus ojos brillaban con esperanza y amor. Papá decía que había hecho la foto con una pequeña cámara que había comprado por un cuarto de dolar a un amigo suyo. Si alguna vez habíamos tenido otros retratos éstos se habían perdido o habian quedado atrás en uno de tantos traslados.
Sin embargo, yo pensaba que aún en esta sencilla y vieja fotografía, con el blanco y negro devaído tornándose color sepia y con los bordes desgastados, mamá estaba tan guapa que era fácil ver porqué papá se había enamorado tan rápido, aunque ella no tuviera más de quince años. En el retrato iba descalza y yo pensaba que tenía un aspecto tan fresco e inocente y tan encantados como cualquier otra criatura que la naturaleza pudiese ofrecer.
Mamá y Jimmy tenían el mismo pelo negro y brillante, y ojos oscuros. Ambos tenían la piel bronceada, con unos bellos dientes blancos que les daban una sonrisa de marfil. Papá tenía el pelo castaño oscuro, pero el mío era rubio y tenía pecas en los pómulos. Nadie más tenía pecas en mi familia.
-¿Qué hacemos con la pala y el rastrillo que compramos para el huerto?- preguntó Jimmy, cuidando de no permitir que asomase a sus ojos ni siquiera un destello de esperanza.
-No tenemos sitio- contestó mi padre de modo cortante. ¡Pobre Jimmy!, pensé. Mamá decía que había nacido tan encogido como un puño y los ojos tan cerrados como si estuviesen cosidos. Contaba mi madre que había dado a luz a Jimmy en una finca de Maryland. Acababan de llegar y estaban llamando a la puerta cuando le empezaron los dolores de parto.
A mi me explicaron que también había nacido por el camino. Habian tenido la esperanza de que naciese en el hospital, pero tuvieron que abandonar el pueblo y salir hacia otro, donde papá ya había conseguido un nuevo empleo. Salieron un día a última hora de la tarde y viajaron todo el día y toda la noche.
-Estábamos a mitad de camino y, de repente, decidiste nacer- me contó mamá- Tu padre aparcó el camión a un lado de la carretera y dijo: <<Ya estamos en marcha de nuevo, Sally>>. Yo me arrastré lentamente hacia la cama que teníamos en el camión sobre la que había un viejo colchón y al amanecer viniste al mundo.
Dawn.
Volveré...



diasazules dijo
Muy bonita historia!!!
BESOS Y FELIZ AÑO
2 Enero 2009 | 10:58 PM